¿Una puta arrepentida?/ Editorial/ A Cien Grados

¿Una puta arrepentida?

Por David Serrano

Hace unas horas, un «periodista» de los llamados «vacas sagradas» de los medios chetumaleños – no quintanarroenses- cuestionó: ¿Quién diablos es el Fruti Lupis que escribe para Sol Q R?

La historia de los medios de comunicación de Quintana Roo y en particular de Chetumal, en materia de medios, está ligada al denominado chayo y a los entuertos entre funcionarios, representantes de los medios y medios; o de manera general entre el gobierno y los medios.

En este sonsonete de ver quién puede obtener los mejores dividendos de la ubre gubernamental, los medios y «periodistas » han sido, además de los contratistas de obra, los proveedores de bienes y servicios, los más beneficiados.

En este y otros sexenios, los «periodistas» se han sometido, humillado, y hecho lo más inenarrable del periodismo para mantener sus prebendas.

Uno de estos personajes es Javier Chavez Ataxca. Un “reportero” que se ha vendido como «periodista» desde el sexenio de Miguel Borge, cuando el alcohol era su principal motivación y las mujeres su estilo de vida.

A Javier Chávez se le olvida cómo «construyó» su nombre como “periodista”. Se le olvida su historia. Y, déjeme decirle, quien olvida su historia, está condenado a repetirla.
Yo conozco a Enrique González, sus amigos, amigos personales, tenemos el privilegio de llamarle Fruti Lupis, aquí entre nos, por una anécdota.

Y para quien no lo conozca fue Editor, de los mejores, en los periódicos, Por Esto en Yucatán. Pero por el momento, dejemos a un lado su currículum y remitámonos a su estancia en el Vocero de Quintana Roo a que hace referencia el Sr. Chávez.

Quizá a «Don» Javier se le olvida que Fruti Lupis elaboraba todos los boletines que él, obligatoriamente, y por órdenes, estaba obligado a publicar en su página www.periodistasquintanaroo.com

Quizá se le olvida al Sr. Chávez quien era su enlace en la redacción en la administración de Roberto Borge y que, para variar, hoy, también lo señala, pero antes jugaba a ser un subalterno del sistema gubernamental o como dicen por ahí: de la “gran ubre”.

Quizá se le olvida al Sr. Chávez los miles de pesos que recibió del Estado, dinero que lo doblegaba por su ambición y cegado por la codicia debía publicar lo que su enlace, Enrique González Ortiz, le ordenaba.

Quizá olvidó que por cumplir esas órdenes de Roberto Borge recibía 166 mil pesos constantes y sonantes. Dinero que lo convirtió en una verdadera “Puta de Borge” (término que acuñó, en su momento, Pedro Canche).

Quizá el Sr. Chávez olvidó cómo y dónde, llegó por cumplir.

Y yo… yo Sr. Chávez, me llamo DAVID ANCELMO SERRANO PECH. Así, con MAYÚSCULAS, y yo si tengo memoria, y MADRE, conozco su historia y lo peor, “señor Chávez”, tengo documentos firmados por Usted vendiéndose y vendiendo su pluma.

Finalmente, pero sin despedirnos, quizá haya que recordárselo todos los días, aunque estamos seguros que estas condiciones ya expuestas no lo dejarán dormir bien.

¿Alguien quiere conocer las historias de Javier Chávez y de las «vacas sagradas» del periodismo de Chetumal? ¿De donde salió, cómo vivía? ¿Quién era antes de hoy? ¿La historia de su esposa en la ahora CGCS y antes?

Con gusto se las contamos… y con documentos en la mano, con objetividad (palabra que tiene un significado que él ya no conoce).

Sr. Javier Chávez Ataxca, mándele mis saludos afectuosos a su mecenas del momento. ¿Quiere que mencione su nombre?

En fin. Los alacranes, como los cocodrilos NO “vuelan”. Y como diría Pedro Canché si hubiera escrito el libro “Las Putas de Borge”, le habría nombrado a su capítulo, el de Usted, quizá, solo quizá, “una puta arrepentida”.

Cancún, Q. Roo, 4 julio 2020

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